miércoles, 2 de abril de 2014

Lo dicho -a medias-, cuando se dice...


Lo dicho -a medias-, cuando se dice...

-No... bueno... no sé-

-¿Qué es lo que sabe?

No lograba articularlo, sí lo se.

-Le deseo-

¿Lo dije o lo pensé?

-¿A quién?-

Lo dije

-A usted-

En el silencio solo pude imaginar su rostro.

-Lo siento, me asaltó la palabra-

-Sin duda la palabra y el deseo asaltan-

De esa manera terminé la sesión ese día. Pude ver su rostro de nuevo. Ahora se que lo que deseo es aquello que dije hace tanto tiempo, y ella siendo el eco de mis palabras hizo recordármelo.

No la deseo a ella.

Juan Carlos Borja Arvizu

jueves, 27 de marzo de 2014

Tlatelolco del 68


Tlatelolco del 68

Venir en el tren y escuchar lo siguiente:
-Pues si güe, pinche profe esta bien pinche loco- dice el primero
-A huevo, no sé como se indigna por lo del '68 si ni ahí estaba- dice el segundo
-Disculpen, solo les tengo una pregunta ¿Celebran la independencia?- interrumpe un viejo
-¡A huevo Don! Cada año- dice el primero
-¿Estuvieron presentes?- Remata el viejo
La vergüenza fue tal que se bajaron a la siguiente estación
-Y pensar que pago a la escuela un chingo de lana para esto-
Yo solo reí hacia mis adentros, volteé con el viejo, sonrió y dijo
-Par de muchachos pendejos, creen que por ser ricachones son muy vergas-

Reí.

Al bajarse el viejo, lo único que alcancé a percibir fue el número 68 tatuado en su brazo.

Juan Carlos Borja Arvizu

Fin de semana


Fin de semana

Sin duda alguna ya no estoy para estos trotes... ¿Pero que chingados estoy pensando? Sí, me excedí en la bebida de ayer, un momento, ¿Y mi cartera?, ¿Estará en el carro?... Bien, aquí está... No hay dinero... Pero si ayer traía más de mil pesos, debo recordar que jodidos hice, bien cerebro, iniciemos.

Son cuarto a las siete, no sé que hacer, estoy aburrido... ¿Qué hay?, ¿Tienes algún plan para hoy?... Ajá, ok... Ok... ¡Jódete! No porque tengas con quien salir signifique que yo deba quedarme en casa... ¡Que pendejo eres! Ella a quedado atrás, jamás regresaré... ¡Chinga tu madre!... ¡Que tengas buena noche!... Uno menos en la lista. Apenas es miércoles.

Hola, ¿Cómo estás?... Aburrido en casa, estaba pensando, si no tienes nada que hacer ¿Qué te parece si vamos al motel?... Am, no... No... Creí que había quedado claro, tu y yo solo nos acostamos por diversión... Bueno si lo pones así, hasta nunca... ¿Por qué complicar tanto el sexo?, no entiendo a las mujeres. Apenas es jueves.

A ver, a ver, ¿Qué necesidad de remontarme hasta aquellos días? La falta de dinero es de ayer a hoy, es decir, de sábado a domingo. ¿Por donde inicio?

Ok, yo paso por tí, estate listo cabrón, siempre me haces esperar, no fueras tu porque hasta intentas pasarte a la casa... Nel, te quiero en tu puerta esperando o me voy de largo y llegas tu allá... Ja, ja, ja, se que no eres vieja, pero te comportas como una a veces... No, claro que no... Mejor tu llegas allá, nos vemos. Está peor que una vieja este cabrón. Es viernes.

Cerebro, por favor, necesito saber que pasó ayer, no antier o unos días antes, a-y-e-r, ayer.

Iré por algo frío de beber, me siento de la verga.

Sería todo... No, no necesito una recarga... Perdone ¿Acaso tengo algo en la cara?... ¿Entonces que me ve?... No, no la recuerdo a usted... ¿En serio?, ¿Yo estuve aquí ayer por la noche?... Sí, esa misma ropa tengo... Sí, esa misma cartera tengo... ¿Que hice qué?... me está cotorreando... Me siento muy apenado... ¿Hay algo que pueda hacer?... ¿En serio?... Vaya, debe estarme cotorreando... Martes, ocho de la noche, paso por usted... Ok, por tí... Hasta el martes.
Vaya, creo que esa mujer está loca, pero hoy en día ¿Quién no?, de haber sabido que para conseguir una cita uno debe presentarse borracho, decirle lo bella que es a una mujer y cantarle, lo hubiese hecho mil veces antes.
Esta bebida me ha reconfortado más de lo esperado.

Son las nueve de la noche y aún no logro recordar que sucedió ayer por la noche, ni con tal indicio por parte de ella, que por cierto ¿Cómo se llama?, la próxima preguntaré. Iré por algo de cenar.

¿Adiós guapo?, ¿Gracias?, ¿Y ese cabrón que se cree?

Ok, me doy por vencido, es hora de irme a dormir.

Ah... Guapo... Gracias... Ahora entiendo... Ahora se donde está mi dinero... En esos tacones.

Juan Carlos Borja Arvizu

Cuentito de Terror


Cuentito de terror

Había una vez, una mujer, como de unos dieciocho años, si es que mi memoria no me falla; bella y única. Una noche, después de bañarse, decidió irse temprano a la cama, había sido un día muy largo y cansado. Después de colocarse su pijama, ligera, pues era época de calor, se acostó sin taparse -no conozco su piel, pero estoy seguro de que es suave y tersa- pues aborrece el calor. En su sueño se encontraba en medio de la noche y el frío, al que abrazaba con su cuerpo. A lo lejos se podían escuchar ladridos, ella sonreía.
Mientras se encontraba descansando, una fuerte punzada atravesó su pie, intentó descubrir que era pero la obscuridad se había apoderado por completo de ella. Le sigió otra punzada aún más fuerte en su pierna, al intentar tocar con su mano otra punzada más le cortó el movimiento. Sintió una cuarta más, en su hombro.
Abrió los ojos, y tocando su cuerpo descubrió cuatro marcas en los mismos lugares que en el sueño. Giró su cuerpo, prendió la lámpara de su mesa de noche y vió a un ratón a la orilla de la cama. Murió.

Juan Carlos Borja Arvizu

Pingüinos citadinos


Pingüinos citadinos
Son solo algunos afortunados quienes han logrado ver a estos ejemplares, aparecen ante una situación única y misteriosa sin duda alguna. Dichas bestias son de las formas más variadas, existen ejemplares tan altos como el marco de la puerta, tan pequeños como cualquier infante que ya anda en dos patas, los hay tan raquíticos como un esqueleto forrado en piel, y tan grandes como cualquier oso. Existen algunos que han modificado su cuerpo, han incrustado objetos en el, han cercenado su piel, incluso, han plasmado arte en ella; lo que llama la atención en esta parte, es que solo algunos han sido tan valientes, si podemos decirles así, para hacerlo por ellos mismos.
Los hay machos, las hay hembras, claro está, ambos pueden enfrentarse a este “viaje”, no existe algún estudio que demuestre si el macho es más propenso a esto, o la hembra.
Dicho viaje inicia ante la falta, la falta de un elemento único en esta especie, debido a que las demás bestias no sienten la necesidad de usarlo, dicho objeto puede ser de una, dos o incluso tres hojas, los hay de papel, los hay de algodón, resistentes y ultraresistentes, con aroma o sin el, con manzanilla o sin esta. Algunos son anunciados por animales, irónico, debido a lo ya mencionado anteriormente, es un cachorro, oseznos u osos; algunos durante algún tiempo fueron anunciados por la misma raza de bestias, si no me falla la memoria, esta contaba con un peinado estrafalario, vestimenta de “secretaria” y lentes completamente innecesarios.
Ante la presencia de sus demás congéneres harán un pequeño anuncio, “ahorita vengo”, se retiran con la mayor discreción, y caminan a su destino. Habrá algunos que corran. Si no hubiese algún otro, solo van a su destino. Giran la perilla, aseguran la puerta, nunca sabe si podría ser importunado o atacado por algún otro ejemplar. De nalgas al objeto se sientan, algunos podrán acompañarse de aquello que llaman libros o “smartphones”; su estadía puede variar, pocos o algunos minutos, depende del que se encuentre sentado en el objeto.
Llega el momento, estira uno de sus brazos, a la altura de sus rodillas, que es donde suele encontrarse este objeto de papel, no logra verlo a primera vista, voltea a su alrededor, su ritmo cardiaco se acelera, su vista se agudiza, aún no logra verlo. Pasan algunos minutos, dubitativo -como me gusta esta palabra- se encuentra ante diferentes opciones, permanecer en su lugar hasta que seque, utilizar algún otro elemento para limpiar aquel espacio, o, el caso único donde podría observarse a este animal, salir a buscarlo.
Con al menos los calzones y pantalones al final de sus piernas -que es esto lo particular del pingüino citadino-, se levanta de su lugar, abre la puerta con cautela y observa el entorno, emite un llamado de auxilio, no hay respuesta, nadie ni nada lo asiste, no hay cachorro que se lo lleve. Respira profundo, realiza un pequeño ejercicio de memoria, ¿En donde está?, ¿El clóset de blancos?, ¿En el otro baño?, ¿Habrá en mi cuarto?. Sale caminando como sus primos lejanos del antártico, a diferencia de que este pingüino utiliza otras prendas para cubrir su piel, sus primos solo su plumaje.
La vida, a quienes han sido testigos de este “viaje”, les regala un momento único y cómico, quienes han presenciado este evento coinciden en que a dichas bestias se les puede sorprender casi siempre de espaladas con las nalgas descubiertas, una mano sosteniendo el objeto de papel y la otra cubriendo su entrepierna, asombrados, los espectadores realizan la siguiente pregunta: ¿Qué haces?, paralizado el pingüino, voltea, sonríe y contesta: No había papel.

Juan Carlos Borja Arvizu