Cuentito
de terror
Había
una vez, una mujer, como de unos dieciocho años, si es que mi memoria
no me falla; bella y única. Una noche, después de bañarse, decidió
irse temprano a la cama, había sido un día muy largo y cansado.
Después de colocarse su pijama, ligera, pues era época de calor,
se acostó sin taparse -no conozco su piel, pero estoy seguro de que
es suave y tersa- pues aborrece el calor. En su sueño se encontraba
en medio de la noche y el frío, al que abrazaba con su cuerpo. A lo
lejos se podían escuchar ladridos, ella sonreía.
Mientras
se encontraba descansando, una fuerte punzada atravesó su pie,
intentó descubrir que era pero la obscuridad se había apoderado por
completo de ella. Le sigió otra punzada aún más fuerte en su
pierna, al intentar tocar con su mano otra punzada más le cortó el
movimiento. Sintió una cuarta más, en su hombro.
Abrió
los ojos, y tocando su cuerpo descubrió cuatro marcas en los mismos
lugares que en el sueño. Giró su cuerpo, prendió la lámpara de su
mesa de noche y vió a un ratón a la orilla de la cama. Murió.
Juan Carlos Borja Arvizu
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